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11 jun. 2013

Políticas sobre el alivio de la pobreza y el papel de los Trabajadores Sociales

Les presentamos el trabajo que será enviado a FAAPSS, para luego ser remitido a la Federación Internacional de Trabajo Social, con motivo de la elaboración de un documento final que se presentará en Salvador de Bahía (Brasil) en el mes de agosto. El Directorio del CPAS desea expresar un profundo agradecimiento a las colegas que realizaron sus aportes.

Un tercio de la población de América Latina vive en la pobreza o en la extrema pobreza, como consecuencia no solo de la liberación economicista sino también por las características que asumieron los estados terroristas, las consecuencias del consejo de Washington, la implantación de las ideas neoliberales, las que terminaron configurando  un escenario con graves consecuencias no solo en la vida material de los sujetos sino sobre todo en la constitución de subjetividades. Certezas de subsistencia, proyecciones de futuro, ideas de conjunto, “nosotros” se fueron desdibujando dando lugar a individuos despojados de su constitución ciudadana, social, instalando experiencias centradas en el yo, encarnados en deseos consumistas generando precariedad y desarticulación social.
Las Políticas de intervención social para controlar los efectos negativos de estos nuevos modelos de desarrollo económico a nivel global que se estaban gestando en América Latina fueron insuficientes, por cuanto significaron políticas de ajuste y restructuración de la economía que se aplicaron en la región para enfrentar las crisis y terminaron en un proceso de empobrecimiento de la población.
Estas transformaciones dieron lugar a la búsqueda de nuevas formas de nombrar las desigualdades en la región, así aparecen el de pobreza, marginalidad, informalidad, exclusión y vulnerabilidad; siendo la primera la más utilizada para describir situaciones de desigualdad.
Sin embargo, pensar la pobreza en término exclusivamente económico sería aplicar una mirada reduccionista a una problemática de mucha mayor complejidad, como es la que reviste el término “pobreza”.
Los estudios de pobreza siempre han estado centrados en la dimensión socio-económica promoviendo teorizaciones acotadas pero también modos de relación social en las que crecen los patronatos sociales. Esta mirada estática de la situación de los sujetos trabaja sobre las carencias y no las capacidades (en términos de Senn), “la pobreza en cambio, hace referencia a las capacidades, y más específicamente a las limitaciones o carencias de la “bolsa” de capacidades de los hogares” (Saravi, G 24).
Sin embargo, la misma es un fenómeno complejo y multidimensional de esta manera creemos la necesidad de pensarla en términos de Derechos Humanos, en todas sus esferas; social, económica, cultural, político, en las posibilidades concretas de vida de los sujetos de acceso y ejercicio de sus derechos ciudadanos.
Así podemos consensuar en que cuanto más desigual se distribuya el ingreso en la sociedad, mayor será la desigualdad. Esto plantea la necesidad de nuevas transformaciones en las relaciones entre sociedad, Estado y economía.
Para esto el Estado debería promover procesos de integración social eliminando las barreras sociales, impulsando una cultura de solidaridad, co-construyendo un sistema de actores sociales, donde los más excluidos puedan transformar sus necesidades en demandas, las cuales se expresen  en la toma de decisiones en la esfera política.
También, la pobreza puede tomarse como un factor importante de vulnerabilidad ante la imposibilidad de participación en la vida socio económica, político y cultural en la sociedad, debido y sobre todo, a la carencia de derechos, o a la imposibilidad de acceder a los mismos; es por ello que Robert Castel plantea el concepto de desafiliación a fin de no posicionar a los sujetos en una situación inamovible como es el de la exclusión. Para el autor la desafiliación se presenta como la debilidad de los soportes del individuo moderno, el cual está fuertemente relacionado con el lugar que tiene el sujeto en la división del trabajo y de las redes de sociabilidad, perdiendo el lugar fijo y estanco que proporciona el concepto de exclusión.
Pero, a nuestro entender, la exclusión no es un concepto estático sino dinámico, implicando un interjuego complejo entre espacios de la vida política, económica, social y cultural. Así, “situaciones de inclusión parcial en una u otra esfera implican riesgo y vulnerabilidad. El estar excluido en una esfera no implica necesariamente el estarlo en las otras” (Minujin, A, 1988:175).
La idea de exclusión permite analizar y complejizar la mirada de pobreza en términos de trayectorias históricas como sector en relación al ejercicio de los derechos, fundamentalmente los sociales, por lo tanto, la exclusión abarca pero trasciende la noción de pobreza por cuanto aporta fundamentalmente en la  portación de capital social, cultural y simbólico que construye o no trayectorias de inclusión-exclusión.
Marshall es quien propone, complejizar la mirada, y no solamente referirnos a los derechos sociales, sino también de obligaciones que los sujetos contraen como miembros de la sociedad, es decir el Capital Social que portan esos sujetos para promover mejoras en sus condiciones de vida, influyendo de manera positiva en la promoción de mayores niveles de participación y protagonismo en la solución de sus problemas.
La exclusión como categoría alternativa y complejizadora de la noción de pobreza es central debido a que la primera hace referencia a la acumulación de desventajas. El sujeto excluido no es solo aquel que no participa directamente en la posesión y distribución de bienes sino que su propia posición social lo limita fuertemente en la participación de las disputas por la distribución del capital en sus diferentes formas (económicas, culturales, políticas).
Desde una perspectiva socio-histórica, y ubicando el análisis de estas líneas en la realidad Latinoamericana, podemos afirmar que la categoría exclusión da cuenta y permite entender la complejidad y polifonía de las realidades sociales de este Continente. Si bien desde los primeros desarrollos teóricos la exclusión comenzó a hablarse en Europa, vinculada al fin de la sociedad salarial, y como matriz que permitía entender y abordar la problemática de la integración (cuestión central de la Modernidad), tomado desde las realidades latinoamericanas nos permite poder poner en cuestión, ya sea en términos de ventajas o desventajas de los grupo vulnerables, las formas y mecanismos de integración que se construyeron en América Latina. La exclusión en este continente, es el resultado de una serie de desventajas en la relación individuo-sociedad, que no sólo incorpora la ubicación de los mismos en el mercado laboral, sino el lugar histórico que los mismos han tenido en los procesos políticos (con el corte en algunos períodos históricos), de la vieja contradicción civilización-barbarie. Esta contradicción fue construida desde no sólo lo económico, sino fundamentalmente lo cultural, lo simbólico y lo político.
Pero la dificultad radica en la capacidad de los estados para establecer y mantener políticas redistributivas, preventivas de suficiente alcance ya que la implementación de políticas sociales dirigidas a superar las situaciones de pobreza y exclusión social, siguen desarrollándose a lo largo de los tiempos desde la caridad, el asistencialismo o la beneficencia o el reconocimiento parcial de derechos sociales.
Debemos no solo considerar las Políticas Sociales como instrumento del Estado, sino como resultados de iniciativas de la sociedad civil, apostando a procesos sociales de integración no desde un lugar de patronato social sino desde procesos emancipatorios, que den respuesta a cada realidad histórico-social de nuestro continente.
En esto desde la especificidad del Trabajo Social, la idea de poder  pensar en trayectorias sociales que al no ser atendidas pueden llevar (como tipo ideal) a la desafiliación, el trabajar desde la dimensión política de la problemática, como el no ejercicio de derechos que los ciudadanos portan desde su propia condición como tal, y por ende, no sólo poner la mirada en las carencias de aspectos materiales para la satisfacción de necesidades, ubica a las categorías pobreza – exclusión en una herramienta para el diseño de políticas, que trabaje desde la perspectiva de los sujetos no como carentes, sino desde su dimensión política, social, histórica, cultural.
Ya la CEPAL, en su documento “Cohesión Social: inclusión y sentido de pertenencia en América Latina y el Caribe”, se ha pronunciado a favor de un contrato de cohesión social que debe ser garantizado por el Estado, con políticas que superen el carácter circunstancial que rodea la idea de pobreza, más allá de las contingencias que los sujetos atraviesan.
En la mayoría de los países Latinoamericanos se han dado importantes avances en legislaciones innovadoras en materia de reconocimiento de derechos, cuyos principales destinatarios son las poblaciones más vulnerables sin embargo, y a pesar de los logros obtenidos en materia de derechos humanos queda mucho por trabajar para que éstos no sean sólo términos utilizados en el discurso político sino que se demuestre el avance en el acceso equitativo a los mismos por parte de toda la ciudadanía.
Y en esto los trabajadores sociales debemos apostar al compromiso de trabajar sobre la base de los Derechos Humanos, en el reconocimiento de las necesidades como  potencialidades y las opciones que los actores tienen en su libertad de elección. Compromiso que implicaría entonces, una exigencia en la revisión de los supuestos teóricos y prácticos para fortalecer esos procesos, propiciando, coordinando o participando en la constitución de una ciudadanía más igualitaria y más incluyente.
Las estrategias serán de superación cuando nuestras intervenciones vayan más allá de viabilizar recursos, sino cuando propiciemos actores que puedan reflexionar para vislumbrar las contradicciones del sistema, los condicionantes estructurales de modo que les permita tomar decisiones y ejecutarlas en relación con la vida personal y social integrando las necesidades sociales y promoviendo el desarrollo, como alternativas de solución a esas contradicciones sociales.


Bibliografía  y Aportes
- Lic. Salera, Maricel. Aporte de trabajos de reflexión de Modulo de Maestría de Trabajo Social (UNER) “Reproducción social, pobreza, vulnerabilidad y exclusión social: Reflexiones teórico-metodológicas”.
- Lic. Reina, María Ester. Aporte de trabajos de reflexión de Modulo de Maestría de Trabajo Social (UNER). “Reproducción social, pobreza, vulnerabilidad y exclusión social: Reflexiones teórico-metodológicas”.
- Lic. Chialvo, Patricia. Aporte de trabajos de reflexión de Modulo de Maestría de Trabajo Social (UNER). “Reproducción social, pobreza, vulnerabilidad y exclusión social: Reflexiones teórico-metodológicas”.

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