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2 jul. 2014

"No podemos quedarnos sólo en la queja que los recursos no están"

La Mg. Graciela Nicolini inauguró las Jornadas integradas de Capacitación que organiza el CPAS. La Lic. en Servicio Social dictó el primer módulo denominado “Familia y Justicia. Nociones y prácticas en el abordaje de los ‘asuntos de familia’.”

Graciela Nicolini, Licenciada en Servicio Social (U.B.A.), Magíster en Ciencias de la Familia (U.N.SAM.) y Especialista en problemáticas de las organizaciones familiares (U.N.SAM), fue la encargada de dictar el primero de los dos seminarios que conforman esta propuesta de capacitación que impulsa el Colegio Profesional de Asistentes Sociales de la Provincia de Santa Fe. su disertación tuvo como objetivos ampliar conocimientos sobre las organizaciones familiares y sobre la institución judicial, caracterizar los distintos actores que confluyen en el interjuego familia-justicia, y analizar problemáticas familiares que son motivo de intervención judicial.

A partir de los paradigmas que plantea la institución familiar actual, ¿cuáles son los nuevos desafíos que se presentan para los trabajadores sociales?
Creo que el mayor desafío es tener un marco conceptual y legislativo nuevo frente a una realidad que no ha cambiado, o que está en camino a cambiar. O sea, estaríamos en un momento de un proceso instituyente, porque tenemos cambio del marco normativo pero nos faltan los elementos, las políticas sociales. Entonces, creo que el desafío es cómo implementar nuevos paradigmas, nuevas ideas, con recursos que no han sido cambiados, que no tienen ni el Estado ni la familia.
A veces se generan dilemas, en donde tenemos un “deber ser” pero no tenemos un “cómo llegar” a ese “deber ser”. Ahí empezamos con estrategias como la red, la interdisciplinar, a averiguar los recursos disponibles. Y no nos olvidemos que hay paradigmas que están pensados desde una sociedad occidental, del primer mundo. La Convención de los Derechos del Niño surge en países europeos que tienen satisfechas muchas necesidades. Aplicadas acá, donde tenemos falta de recursos y diversidad cultural, presenta otra encrucijada para el operador. Porque tiene que ajustar el paradigma a la realidad cultural que lo rodea.
No puede haber un único modelo hegemónico para pensar las prácticas. Cuando los paradigmas se instalan parece ser que hubieran borrado todo lo anterior. Lo anterior sigue estando y además siempre hay discursos alternativos. Cuando un paradigma es hegemónico parece que los discursos alternativos no funcionaran. Y a veces, cuando uno tiene una buena formación teórica, sabiendo que hay otras ideas que pueden funcionar, también es bueno introducirlas. Por ejemplo, si yo pienso que todas las familias son iguales y que no hay diversidad cultural, mal puedo intervenir respecto de una familia migrante. El trabajador social debe tener distintos aportes conceptuales para no pensar sólo desde el modelo hegemónico.


¿Es posible que el trabajador social quede como rehén en el medio de las necesidades de la familia y la falta de recursos que provee el Estado?
Siempre hemos sido un poco rehenes. La mayoría de nosotros, salvo algunos colegas que están trabajando en diseño de políticas, nos desempeñamos en la operatoria de esas legislaciones y de determinados marcos conceptuales. Es decir, siempre estamos muy atravesados por ese contexto. Pero siempre es positivo empoderarse de lo que un nuevo paradigma da. En ese sentido la ley sirve porque nos permite exigir. No podemos quedarnos solo en la queja que los recursos no están, también mientras tanto hay que mover el avispero para que algunos recursos aparezcan. Y al mismo tiempo hay que entender que hay algunas cuestiones que no puede llegar a regular la ley, que siempre habrá excepciones, modelos de familia o de niñez a los que la ley no les da respuesta, que quedan por fuera de lo que el modelo propone. Por ejemplo, si lo pensamos en términos de niñez, muchos de los niños de Argentina no tienen acceso a muchos derechos que se le reconocen.

¿Cuál es el objetivo principal de la tarea del trabajador social en ese ámbito?
Creo que no hay recetas. Hay algo que viene desde el origen del Trabajo Social y es poder pensar en la singularidad de las situaciones. La ley y el paradigma te da un rayado de cancha, pero después cómo jugás con esa cantidad de jugadores en esa cancha depende de cada situación. El trabajador social tiene que desestandarizar y pensar cómo puede actuar en la situación concreta con la ley, la teoría o los recursos con los que contamos. Por eso creo que no hay receta sino que es caso a caso.
La judicialización no es buena ni mala. En algunos casos está bien porque hace falta otra autoridad que ordene algunas cosas. Y hay otros momentos en los que hay que trabajar desde lo asistencial, desde los recursos terapéuticos, el acompañamiento, desde el crecimiento de la autonomía, sin necesidad de judicializar.
El trabajador social tiene que tener en claro qué le puede dar y qué le puede quitar la justicia. A veces no es bueno judicializar rápidamente. Por ejemplo, la familia que confiaba en el operador de campo, con el cual se iba a sincerar, una vez que judicializamos el caso se retrotrae. Se ingresa en una lógica diferente y el trabajador social, depende el lugar desde donde trabaje, puede hasta perder la posibilidad de intervención.
Entrar en el campo judicial implica resignar autonomía. Mientras estamos fuera las partes pueden acordar y resolver, pero una vez que se ingresa en el dispositivo judicial hay otro que va a decidir.


¿Cuáles son las conclusiones que aporta este seminario?
Lo que trato de aportar es, primero, poder pensar conceptualmente instituciones como son la familiar y la judicial. Porque si no tenemos un pensamiento desde lo conceptual terminamos siendo actuados por las instituciones. O sea, si yo no sé por qué hago lo que hago voy a hacer lo que me dice otro que haga. Es una cuestión preventiva.

Y segundo, creo que es importante poder entender la institución judicial, corrernos de algunos imaginarios, conocer las limitaciones y saber que la familia también tiene ciertos márgenes de maniobra. Y también saber que los operadores, cuando articulamos con el sistema judicial, algún margen de maniobra tenemos para ajustar lo más posible lo que ofrece la institución a las necesidades de la familia. Nosotros somos los articuladores, tenemos que tener una participación activa porque si no puede transformarse en una intervención iatrogénica.

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