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26 nov. 2012

¿Cuál es el camino?

Como profesionales que integramos el Foro de la Infancia de la ciudad de Santa Fe, siempre estamos ocupados y preocupados por aquellas situaciones que involucran a niños, jóvenes y familias de la provincia y los mantienen presentes en las crónicas y noticias locales, haciendo pública una realidad vivenciada por muchos pero conocida por pocos.
Es por medio del diseño y ejecución de políticas públicas específicas que el Estado debe brindar respuestas a las problemáticas sociales que atraviesan diferentes sectores de la sociedad e involucran de una u otra forma a toda la comunidad.
En un Estado responsable son los gobiernos, a través de las administraciones públicas, los encargados de poner en funcionamiento aquellos  programas y proyectos concretos que son los ejes que conforman las políticas públicas y que deben orientarse al bien común y a la búsqueda de la calidad de vida de toda la población.
La distancia  entre los contenidos programáticos de las políticas sociales y su puesta en práctica ha sido siempre tema de análisis de las ciencias sociales. Por un lado, porque su implementación suele involucrar una diversidad de intermediarios que aportan su impronta y por el otro, en el marco de relaciones de proximidad, las clasificaciones de “necesidades” y “necesitados” son a la vez instrumento y objeto  de lucha interpretativa.
La complejidad de las problemáticas sociales actuales es un hecho, una sola mirada no sirve, la transversalidad en los análisis, en los diseños de políticas y en las intervenciones es ineludible. Ya nadie aborda la cuestión social y sus manifestaciones desde una sola perspectiva. Esto esta claro, lo que no parece estarlo es desde qué política se interviene y para qué, es decir cuáles son los objetivos que guían las intervenciones.
En materia de infancia, los cambios que la nueva ley de protección integral impone, nos enfrentan al desafío de trabajar con niños y jóvenes desde una perspectiva de derechos, garantizando al máximo su cumplimiento. Pero debemos tener en cuenta que las exigencias que este marco normativo plantea exceden hoy las posibilidades reales de intervención si no se diseñan políticas públicas de infancia que permitan dar cumplimiento efectivo a lo que se establece porque La Ley no es la Política.
Una muestra clara de la brecha que actualmente existente entre el deber ser y el hacer son:
· El alto numero de niños que se encuentran institucionalizados desde hace años,  no acceden al derecho de vivir en ámbitos familiares y se encuentran a la espera de una resolución administrativa o judicial que defina su situación teniendo en cuenta sus verdaderas necesidades e intereses.
· El aumento del consumo y comercialización de diferentes drogas, que se instalan en la vida de cientos de niños, jóvenes y familias que se “consumen”, desgastan y destruyen buscando salidas que nunca encuentran. Chocan con burocracias institucionales y practicas obsoletas que solo justifican una maquinaria institucional inoperante.
· La gran cantidad de niños y jóvenes que no acceden al sistema educativo, dato que se verifica en más de 10.000 familias de la ciudad que no han presentado la contraprestación de salud y educación para el cobro de la Asignación Universal ya que los chicos no concurren a la escuela.
· El incremento de chicos de todas las edades en las calles, instalados en las principales arterias de acceso a bulevares y avenidas de la ciudad realizando todo tipo de “demostraciones artísticas”, “acrobacias o piruetas” que los exponen a los más variados peligros y a permanentes miradas de lástima, miedo, compasión, repulsión, vergüenza, dolor.
· Importante numero de “pacientes” que llegan a los consultorios de los centros de salud en los barrios con serios problemas psico-físicos, producto de una mala alimentación, del  abandono por parte de su familia o abusados y maltratados por alguno de sus miembros con claros signos que evidencian un real padecimiento físico y psíquico.
· Los “pequeños trabajadores” que componen la categoría de “trabajo y explotación infantil” que crece año tras año en zonas urbanas y rurales, sin control por  parte del Estado.
· La trata, con fines de explotación sexual, laboral, esclavitud, servidumbre, comercialización de órganos cuyas cifras crecen tanto como los diferentes mecanismos de captación y las redes montadas a tal efecto.
Ante todo esto se imponen las preguntas: ¿Qué hacer por nuestros niños y jóvenes? ¿A donde recurrir frente a esta realidad? ¿Quienes son los responsables de intervenir para modificar estas situaciones? ¿Cuanto más hay que esperar para actuar? ¿Cuál es el camino?...
Son muchas las organizaciones de la sociedad civil que desde hace años trabajan por y para la infancia implementando verdaderos espacios de promoción y protección de derechos. Pero solos no pueden, no alcanza para revertir y reparar el daño ya existente y a la vez trabajar en la prevención.
Se necesita, con urgencia, contar con el protagonismo del Estado que es quien tiene la responsabilidad primaria de ocuparse, conocer las políticas diseñadas, los recursos disponibles, las redes establecidas y las personas encargadas de acompañar y apoyar los procesos de trabajo pensados con y para la infancia santafecina.
 
“La infancia es el resultado de las oportunidades, los estímulos y las experiencias que el mundo adulto que la rodea es capaz de generar como condición de posibilidad. Es por tanto, una construcción social de responsabilidad colectiva del mundo adulto”.
 
 
Lic. Patricia Chialvo
Asistente Social Silvia Altamirano
Lic. Liliana Cortés
Foro de la Infancia
Santa Fe, noviembre de 2012



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