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23 sept. 2008

“Si un niño le pega a un maestro, algo está pasando en la escuela”

Francesco Tonucci, el reconocido pedagogo italiano, dialogó sobre los conflictos que existen en la institución educativa. También se refirió a la necesidad de un cambio en los contenidos

Francesco Tonucci –pedagogo italiano– estuvo la semana pasada en la ciudad en la presentación de la conformación de una Red Latinoamericana del proyecto Ciudad de los Niños, que es de su autoría. La iniciativa propone, entre otros puntos, la creación de consejos de niños en todas las ciudades para realizar aportes a la creación de localidades más accesibles y seguras.
El especialista internacional se refirió a diferentes problemáticas que atraviesan a la comunidad educativa santafesina y argentina, como los hechos de violencia escolar. Además el director del Instituto de Ciencia y Tecnología de la Cognición del Consejo Nacional de Investigaciones en Roma (Italia) remarcó la necesidad de que los niños sientan como propias la escuela y las calles.
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Fuente: Diario UNO de Santa Fe.

“El tema de la violencia de los niños en la escuela lo encontré por primera vez en la Argentina”, comentó Tonucci y agregó: “Hace como siete u ocho años, no se hablaba mucho de esto en Italia. Pero de un año a otro era el tema del que hablaban todos los periodistas y me pedían que opine de por qué un chico le había pegado al profesor en la escuela”.
- ¿Cómo se entienden esos actos de agresión dentro de las aulas?
- Yo quiero dar dos respuestas, una que me salió espontáneamente en ese momento, y sigo sosteniendo que es así, y otra más estructural. Primero, si a mí me pega un hijo lo primero que pienso es que mal padre que soy. No puedo entender por qué, frente a un alumno que pega a su maestro, siempre se piensa qué malos alumnos que son y qué mala familia tienen atrás. Creo que si ocurren estas cosas impresionantes y excepcionales, si un chico golpea a un maestro alguna responsabilidad tiene la escuela. Porque en una condición de educación no se puede pensar una reacción violenta de este tipo. Algo pasó y hay que examinar con sinceridad cómo estamos haciendo la escuela de hoy. Creo que, en la actualidad, muchos no se sienten dentro de su escuela, sino que se sienten como extranjeros que van a una escuela ajena.
“Hay que lograr –siguió– una escuela que cada niño reconozca como propia y por la cual valga la pena no sólo estudiar sino también sacrificarse. Ése debería ser el compromiso y cuando ocurren esas situaciones graves y excepcionales deberían ser ocasión para pensar de nuevo lo que está sucediendo”.
Por otro lado agregó: “Hoy (por el jueves) en la portada de su diario, estaba una chica que había sido golpeada por una compañera. Pero el bulismo (bullying) es un fenómeno que no es de hoy. Lo nuevo es que lo cuelguen en YouTube, porque antes, el bulismo se manifestaba para contarlo al bar. Por lo que el ámbito de la repercusión de la noticia era muy pequeña. Hoy tiene una posibilidad de comunicarse al mundo. Porque yo puedo desde Italia ver lo que sucedió en Santa Fe con esta chica”.
- ¿Cuáles son los temas adolescentes que más deben preocupar y sobre los que se debe trabajar?
- Los temas son de violencia infantil, abuso de alcohol en edad cada vez más precoz, uso de drogas, accidentes de motos y suicidios. Estamos asistiendo a algo que nos parece absurdo y está ocurriendo en el mundo de los chicos. No es un tema de la adolescencia, sino que se manifiesta a esa edad, me parece absurdo cuando la sociedad civil dice: “La escuela debería hacerse cargo de estos temas”. Pero ahí es tarde.
- ¿Por qué se dan esos problemas de manera tan marcada hoy?
- Creo que eso es una consecuencia de lo que está ocurriendo a los niños desde su infancia. Es una consecuencia de la falta de autonomía y de libertad de los niños. Los chicos necesitan vivir la experiencia de la investigación, del descubrimiento, de la aventura y de la experiencia de riesgo. Porque eso es la experiencia de placer, el elemento fundante del juego. Los niños tienen la necesidad de jugar pero no es posible acompañar a un hijo a jugar, hay que dejarlo.
Jugar, lo más importante
En sus libros y a lo largo de su carrera, Tonucci no se cansó de hacer hincapié en la importancia que tiene el juego para el desarrollo de las personas, sobre todo, en los primeros años de vida.
“El juego es una experiencia muy rara y simple y es la más fuerte que se vive en la vida. Hasta hace 50 años nadie pensaba en la importancia de esto, los niños jugaban porque eran niños y les decían que aprovechen cuando para jugar porque después empieza la escuela y las cosas importantes”, detalló y siguió: “Hoy todo el mundo sabe que los años más importantes en la vida son los primeros”.
Al respecto agregó: “Por lo cual podemos decir que casi el 80 por ciento de las posibilidades de los niños se desarrollan antes de entrar en la escuela, antes de los seis o siete años, eso debería ser impresionante para nosotros porque si les permitimos vivir la experiencia que necesita serán adultos tranquilos, solucionados, serenos, productivos, creativos, felices y sanos”.
El pedagogo vincula la importancia del juego a la que tiene el amamantamiento. “Hay investigaciones científicas súper seguras que dicen que un niño que amamantó mucho más tiempo será un adulto mejor, más sano y más realizado” dijo y agregó: “Eso significa que favorecer el amamantamiento natural es una inversión social. Yo estoy diciendo en mi tierra que dejemos un año de mamá a cada niño, les damos el sueldo entero porque es una inversión, no un gasto. Seguro vamos a ahorrar en términos de hospitales, servicios sociales y cárceles”.
“El juego se parece mucho con esto –indicó–. Un niño que puede jugar de verdad va a ser un adulto mejor. Por lo cual es importante que la ciudad permita a los niños jugar”.
- ¿Qué ocurre en esa experiencia de juego? ¿Qué significa?
- El juego significa salir de casa, encontrar amigos y elegir un lugar para hacer un juego. Con lo cual no puede ser que un adulto lo lleve de la mano, ni que lo lleven a un lugar especializado para juegos, ni encontrando amigos que son los hijos de los amigos de los padres o que son los compañeros de la escuela porque en el juego debe encontrarse la experiencia de riesgo.
“A medida que crece el niño va encontrando riesgos adecuados a la edad –dijo–. El niño de pocos meses no debe estar en un parque, sino en una manta porque de la manta puede salir y vivir el riesgo de gatear hasta detrás del rincón, no ver a su mamá y llorar porque piensa que la perdió para encontrarla de nuevo. Eso es el juego del riesgo. Y cuando tiene un año o un año y medio debe salir de casa para tocar la puerta de al lado y jugar delante de las dos puertas abiertas con un compañero. Y después bajar la escalera del edificio y jugar con otros compañeros. Ir creciendo”.
Lograr esas libertades en el contexto de inseguridad actual no es fácil ¿qué pasa si no se le brinda ese espacio de libertad a los chicos?
Si eso no es posible, creo que los niños van sumando deseos de riesgo inexpreso, hasta que en un momento explotan. Pienso que el momento típico de la explosión es la adolescencia. Y es fácil imaginar que, como es una explosión, puede ser peligrosa. Afortunadamente, no siempre es así y eso debería sorprendernos. No nos debe maravillar que el adolescente se exprese en formas límites, que haga tonterías en la escuela, que se pelee de manera estúpida para que lo vean los amigos en YouTube, que beba mucho, que pruebe emociones fuertes como las drogas, o un sexo demasiado exasperado y precoz. Ésos siempre son síntomas de insatisfacción. Son niños insatisfechos que llegan a ser adolescentes peligrosos. Creo que si pensamos en un proyecto para eliminar esos efectos debemos dejar más libertad a los niños pequeños y en cambio ellos van a restituir a la ciudad un beneficio social importante. La sociedad es peligrosa porque la calle es vacía, porque desaparecieron los niños.
El valor de los docentes
Usted decía que si un hecho de violencia sucede en la escuela, algo está pasado en esa institución. Pero en Santa Fe, frente a cada hecho desde el Ministerio de Educación, los gremios, los docentes y los analistas se hace hincapié en que la escuela es una caja de resonancia de los problemas sociales, nunca se responsabiliza al establecimiento educativo...
Es mucho más cómodo pensar de esa manera, en lugar de hacerse cargo de lo que está sucediendo.
- ¿Esas situaciones se relacionan con la pérdida del respeto y la valoración de los docentes?
- Creo que es un tema muy complicado. La escuela está viviendo un momento de crisis muy profunda, no porque la gente la desprecia sino porque no está buscando un papel adecuado. Perdió su carisma. Cuando yo iba a la escuela, era casi la única oportunidad de aprender algo. Yo vivía en una casa sin libros, el único medio de conexión con el mundo era una radio que se escuchaba muy poco y no daba mucho, lo único que tenía era algo de música y un noticiero, y mis padres no tenían una formación. Por lo cual la escuela era de verdad el lugar en el que se aprendía. El maestro tenía un prestigio porque sabía cosas que yo no. Antes, la gente que iba a la escuela y terminaba era poca. Se sabía que los que iban a perderse eran los pobres y los huérfanos, seguían los que tenían una familia preocupada por el estudio porque eran cultos, ricos o simplemente sensibles. Por lo cual la escuela completaba la formación familiar. Por eso se daba tanta importancia a la caligrafía y a la historia antigua. Era una escuela que completaba lo de la familia. Es el modelo jesuita que buscó preparar la clase dirigente de una sociedad.
“Después hicimos una revolución muy importante a nivel democrático –sostuvo– cuando se afirmó la idea de que la escuela es un derecho para todos y efectivamente todos empezaron a estudiar. Lo que faltó es que la escuela se preparara y cambiara para ser de todos. Creo que en la esencia la escuela sigue siendo para pocos porque no cambió sustancialmente su manera de proponerse, sigue siendo un complemento para una formación que ya no existe”.
Y continuó: “La mayoría de la gente que llega a la escuela no tiene una familia sensible que le da las bases culturales. Eso crea una situación nueva de desconcierto. Tampoco entienden los padres. Y la escuela no hace mucho para que la familia entienda lo que está haciendo”.
- ¿Cómo debería ser la escuela?
- Una escuela para todos debería ser una que reconozca lo que los niños saben y aceptarlos. Debe aceptar el desafío de la escucha, pero sigue siendo una institución de propuestas. Se propone a niños que no comprenden y allí se produce el fracaso y la deserción. Dentro de esa relación rara entre el que propone y el que no entiende es muy fácil que se produzca una relación violenta, por lo menos en algunos casos.
“Que la escuela está viviendo un momento difícil lo demuestra en Italia, por ejemplo, en este momento, el colegio no le gusta a nadie, ni a los chicos, ni a las familias, ni a los docentes”, dijo y concluyó: “Es una de las carreras con más enfermedades profesionales y ésa es una muestra de que no están bien”.
Proteger a los chicos, entre todos, trae más seguridad
El pedagogo italiano destacó la importancia que tiene tener en cuenta a los chicos al momento de pensar en una ciudad con más accesibilidad y seguridad. A modo de ejemplo señaló el caso de la localidad bonaerense de Almirante Brown, donde a raíz de varios hechos de inseguridad en el 2000 se decidió implementar recorridos seguros para los niños y se logró bajar la criminalidad en un 50 por ciento.
“Se había dado una situación donde los niños sufrían atracos cotidianos por parte de chicos más grandes, les robaban las cosas que tenían”, explicó Tonucci y siguió: “Un día ocurrió algo peor, una nena fue violada cuando volvía de la escuela. Ahí la gente se rebeló y dijo basta. Y, cuando empezaron a pensar qué hacer, dijeron que no querían más Policía, porque cuando hay agentes puede ocurrir un tiroteo y es más peligroso”.
Los habitantes de esa localidad decidieron tomar la idea de Francesco Tonucci sobre recorridos seguros hacia la escuela involucrando a los comerciantes y al resto de la gente que está en la calle.
La idea interesó mucho y al poco tiempo se empezaron a sumar otras localidades, entre ellas Capital Federal (en 2003). Unos años después se realizó una reunión sobre seguridad urbana en la que varios municipios dan a conocer que en los barrios donde se implementó esa metodología la criminalidad urbana bajó un 50 por ciento.
“Los niños tienen esa capacidad mágica de producir el cuidado de los demás. Un chico que se mueve con sus padres es un hecho privado en el que nadie puede entrar; pero si un chico va solo por la calle nos obliga a todos a hacernos cargo de esa situación, nadie puede quedar indiferente porque si le pasa algo, nosotros no podemos despreocuparnos. Eso es ciudadanía”, dijo y agregó: “Tenemos que dar la vuelta a la política. Normalmente dice a la gente «no te preocupes, lo pienso yo y tú me das el voto» pero creo que una buena política debería decir «preocúpate», que cada uno se haga cargo. Ésa es la idea de los niños en la calle es que la gente se hace cargo”.
El autor de Cuando los Niños Dicen ¡Basta! habló sobre la importancia de que los niños puedan sentir a la escuela como propia para poder trabajar y esforzarse por ella. Y, si bien destacó que la Ciudad de los Niños no es un proyecto educativa, hizo hincapié en la importancia que tendrá la implementación de la iniciativa en las ciudades de la provincia de Santa Fe.
- ¿Cómo se hace para que los chicos aprendan a tomar a la institución educativa como “su” escuela?
- No es tan difícil, es suficiente que los maestros entiendan una cosa básica: un niño sabe mucho. Los docentes están preparados por la otra escuela y creen que los niños son todos iguales porque son el equivalente a cero. Hay una idea muy antigua de que un niño es un vaso vacío que se va llenando al poner un conocimiento arriba de otro. El pensador Plutarco decía que la inteligencia es un leño que se quema todo junto y se transforma. Claro que hoy el maestro piensa que puede ofrecer a los niños todos los días algo nuevo y que, si los chicos están bien dispuestos, van a recibir lo que el maestro ofrece para llenar su vacío. De esa manera es posible que, al final del año, el maestro pueda ir midiendo cómo se llenó cada vaso. Entonces ahí se puede decir que uno vale ocho y el otro cinco. Ésa es la escuela vieja que sigue con los niños de hoy.
“Creo que la escuela debe ser lo contrario a lo que es –añadió–. A un maestro se le debe enseñar que los niños viven la experiencia más importante de su vida antes de entrar en la escuela. Eso significa que los niños son ricos pero no sabemos de qué. Entonces cada acción tiene que estar orientada a aprovechar lo que los chicos saben”.
La Ciudad de los Niños
El jueves, el gobierno de la provincia presentó la Red Latinoamericana Ciudad de los Niños. La propuesta del pedagogo italiano busca trabajar en la conformación de consejos de chicos que puedan aportar opiniones para la transformación de las ciudades. La idea es que mejorando las calles y los espacios públicos para los chicos, se beneficia a todos.
“Es un proyecto ambicioso. El tema es que estamos intentando ofrecer algo diferente a la política”, explicó Francesco Tonucci y agregó: “Esta propuesta no es educativa, sino política. Es una iniciativa para ofrecer a los políticos la oportunidad de romper la autorreferencialidad. La política es un juego entre y para adultos fuertes”.
El pedagogo italiano explicó que los consejos de niños no se parecen en absoluto a los Concejos municipales ya que son espacios en los que, a través de lo lúdico y el juego de roles, los chicos elaboran consejos para los gobernantes

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